Portfolio · Creativos

Fotógrafos, editores de vídeo, creativos: tu web es tu trabajo, no tu currículum

Un cliente potencial abre tu portfolio, hace scroll, y en menos de un minuto ya ha decidido si encajas o no. Tu texto de “sobre mí” lo leerá después, si es que llega.

toca una foto para ver cómo se abriría el proyecto

20 de agosto de 20265 min de lectura

Menos proyectos, mejor elegidos

El error clásico es enseñarlo todo. Pero un portfolio no se valora por la media: se valora por el peor trabajo que enseñas. Ocho proyectos excelentes comunican mejor que treinta desiguales. Elígelos por el trabajo que quieres recibir, no por el que has hecho — si quieres dedicarte a producto y enseñas quince bodas, vas a recibir bodas.

El problema técnico real: el peso

Tu trabajo es visual, quieres calidad máxima, y la calidad máxima pesa. El portfolio más bonito del mundo no sirve si nadie espera a que cargue. Se resuelve con formatos modernos (WebP, AVIF), tamaños distintos según el dispositivo, carga diferida y una miniatura ligera con transición suave. Bien hecho, se nota calidad y carga rápido — no es una elección entre las dos cosas.

Cada proyecto, su página

Una imagen suelta enseña el resultado. Una página de proyecto enseña criterio: cuál era el encargo, qué decidiste y por qué, y cómo quedó. Eso es lo que separa a alguien que ejecuta de alguien a quien contratas para pensar.

Contacto sin ceremonia

El error habitual: un correo diminuto en el pie de página, como si pedir presupuesto fuera un trámite. Una vía clara, visible al final de cada proyecto.

Hablemos del proyecto

Precios: en servicios estandarizados (retrato, book, producto por unidad), publicar tarifas filtra bien. En encargos a medida, un “desde” evita que te escriba gente con un presupuesto que no encaja.

Y no lo dejes muerto: un portfolio con el último trabajo de hace dos años comunica algo que no quieres comunicar. Es mantenimiento, y forma parte de tenerlo.

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